jueves, 5 de abril de 2012

La propia ironía.

Perdidos en un mar de ironías que no llevan a ninguna parte, sin rumbo fijo y un solo pensamiento. Con ganas de morir ahogándonos en sonrisas y sugiriendo perder los papeles en cualquier bar de carretera. Fundiendo nuestras almas en un motel alejado del mundo. Escuchando los gritos de pasión encerrados en corazones que no supieron ser escuchados. Agonizando en cada esquina por cada lagrima caída, que después de haber roto un corazón y haber desmenuzado la ilusión, roza la piel corriendo el maquillaje y destrozando lo que quedaba de tu propia imagen. Corriendo sin huir, porque dicen que es mejor así. Sin huir de las culpas, de las penas, de los malos pasos que damos, de las cosas mal hechas, de los llantos, de las heridas, del sufrimiento, de las malas decisiones, de los pensamientos, de nosotros. Queriendo ser uno, pudiendo ser dos. Diciendo palabras que en realidad no tienen valor. Hablando en clave para que nadie pueda escucharte. Y luego miran, hablan, cuentan, se paran, se encuentran.

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