Es increible como en un momento por pura debilidad te dejas tentar, te apoyas en la suerte y te dejas llevar. Dejas que por una vez todo siga su curso, incluso te sientes feliz, tienes ganas de gritarle al mundo. De saltar, de reir, de bailar, de cantar, de perderte por ahí y no volver, quieres vivir de una vez y poder ser feliz. Así que te sueltas. Y miras a tu alrededor, como todo lo que parecía dificil cuando estabas amarrado es tan sencillo que hasta tú puedes hacerlo. Te das cuenta de que puedes tener lo que quieras, de que nadie te puede impedir vivir a tu manera, sonreir y disfrutar.
Y una vez que sientes que lo tienes todo, te das cuenta de que te falta lo más importante, alguien que esté contigo, aguien con quien puedas compartir todo eso. Aguien que te quiera.
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